La suya es una historia de tenacidad, la de una mujer que ha escalado sin miedo en la primera línea de la política
EL FUTURO
Un PSOE asfixiado, que necesita renovación, no puede despreciar su capital CONSECUENCIAS
Chacón es de esa clase de políticos con un fondo invencible al desaliento
Carme Chacón ha perdido por un 2% de los votos en el 38.º congreso socialista, pero la partida no se jugaba sólo contra Alfredo Pérez Rubalcaba, sino contra un pasado regio y a la vez decadente. El de Felipe, Bono, Benegas; el de una contienda tras la cual el PSOE no podrá evitar lo que ella anticipó ayer: una larga travesía por el desierto. Chacón ha perdido contra una tradición extendida como una espesa capa de yos impermeables, remando en contra del viento. Puede que no midiera bien sus fuerzas. Da igual que las llamen primarias y no lo sean, ni que Rubalcaba no sea Hollande sino más bien Mitterrand, o que el partido se enfrasque en guerras de familia, a la misma hora en que Rajoy frenaba a los banqueros. Aunque en Sevilla Carme hablase varias veces “alto y claro” e insistiera en que no había que retrasar la transición, ganó Rubalcaba decidido lampedusianamente a “cambiar el PSOE para seguir siendo el PSOE”.
Cuando presentó su candidatura en Olula del Río, el pueblo de su padre, su hijo Miquel preguntó: “¿Por qué grita tanto mamá?”. Cómo explicarle a un niño de tres años que su madre encima del escenario se transforma, fuerza la voz hasta rasgarla, apasionada, contagiosa, cabreada, demasiado humana, y que la proyecta con una fuerza atronadora. No era así con los militares, bien lejos de la arenga les hablaba en un tono bajo, grave, a veces con una suave ronquera de alguien que en su vida no ha fumado ni un cigarro. Porque CCH no es una progre laxa, ni una iluminada, sino una política concienzuda que se ha formado durante toda su vida; una mujer viajada y leída que no cocina y que ha mamado la política desde la cuna, no en vano su abuelo, el anarquista Paco Piqueras, se la llevaba al exilio, a Béziers, y le enseñaba a tocar A las barricadas con la flauta. CCH es un claro ejemplo de cómo la meritocracia ha ejercido de importante ascensor social. La suya es una historia de tenacidad, de una self made woman que ha escalado sin miedo alguno picos arriesgados en la primera línea de la política. Pero también de cómo los techos, sean de cristal o de granito, acaban limitando el vuelo. No sé en verdad qué es una mujer de hierro, más allá del apodo de la Thatcher, pero a Chacón le sobran coraje y determinación. Despierta simpatías aunque también provoca rechazos viscerales, ser considerada un submarino antiespañol o una mala catalana; tildada de ambiciosa por aquellos cuya ambición les mantiene aferrados al poder, mediática, inexperta e incluso frívola por ir bien perfumada.
Pero Chacón ha pisado Bruselas y el Pentágono, se ha sentado con los Clinton, Blair, Rasmussen o Ashton, ha manejado los dossiers secretos, y todo ello sin olvidar su casta. Uno de los mitos más perversos que se siguen alimentando es el de que a CCH la ha moldeado Miguel Barroso, su marido, un as de la comunicación política y el eslogan. Que está detrás, moviendo los hilos. Si no se podían levantar suspicacias sobre la candidata con un currículum ejemplar y un expediente cum laude, habría que hacerlo a través de su entorno. La fantasía del Pigmalión que parece hacer las delicias de muchos, pero CCH, cuando conoció a Barroso en Gobelas, ya estaba muy hecha.ç

Chacón pertenece a esa clase de políticos seductores y fotogénicos, que además de envoltorio tienen un fondo invencible al desaliento. Cuando de adolescente, un médico le dijo que tenía que dejar de jugar a baloncesto, lloró en su habitación forrada de camisetas hasta que le dijo a su madre: “Me voy a entrenar; si me muero quiero hacerlo con las botas puestas”. Lo que está claro es que un PSOE asfixiado, que necesita la renovación como el aire, no puede despreciar su capital. Será un viaje largo. Ya lo cantaban los Beatles: “The long and winding road”.
Article de: Joana Bonet “La Vanguardia”